
HERMANDAD DE LOS PERUCHOS, raro grupete conformado por mozuelos de diversos estratos sociales e intereses múltiples, pululan en las calles de Lima recorriendo de Sur a Norte o viceversa, - que mas da, dice uno de los miembros, - lo importante es estar con la gentita, esta joven que había conocido algunas semanas atrás me empezaba a dar lecciones de sociología urbana mientras confesaba querer darse de baja (retirarse del grupo) por lo que pude deducir, que era una organización con una estructura horizontal, ya que se confesaba sin inmutarse ante la presencia de una de sus camaradas más representativas; hacia reflexiones acerca de su participación en esta hermandad, que había logrado consolidarse en el tiempo a pesar de las diferencias de cada uno de los miembros, - una etapa, dijo, - esto fue una etapa ya cumplí, trabaje con ellos me divertí, viví, ellos son y serán siempre mis camaradas ya nadie me quita lo vivido carpe diem. Dijo y cito el poema de kavafis “Ítaca te dado el viaje, no tiene Ya nada más que darte. Y si la encuentras pobre, sabio como ahora eres gracias a tantas experiencias, sabrás entender lo que significan las Ítacas”.
Confieso que me cuesta prestarle atención a las mujeres jóvenes que poseen ojos color cielo, es para mí perturbante mirarlas de frente, no soy el común de los hombres que mueren por traseros abundantes o pechos generosos; eres un maricon; decía una amiga mía mostrándome esas dos características que la hacían popular, creo que soy un hombre sencillo que prefiere cerveza en vez de margarita, bueno, aunque también mi mezquina economía no me permite ese lujo, pero intento disfrutar de las cosas sencillas que la vida me otorga, aunque disfrutar de los ojos color cielo que algunas mujeres poseen desnudan exquisitamente todos mis sentidos, y esta joven poseía esa maliciosa mirada que te dice agacha la cabeza menso, pero en esta ocasión estaba encandilado por sus palabras, miraba su rostro fijamente mientras recitaba Ítaca, hasta que el ruido del teléfono celular rechino en su bolso, entonces, hablo por algunos minutos, al terminar, empezó a parlotear con su compañera, no podía entenderlas; ya que utilizaban al parecer códigos para comunicarse, hablaban de recoger al auto deportivo que dejaron en el taller y recuperar terreno cedido por problemas de grupo, comentaban de la disputa interna por la posición del volkete, cosas sin sentido aparente, después rieron y empezaron a enviar mensajes de texto, enviaban y recibían después de leer algunas de estas, rieron tanto que una de ellas soltó un estruendoroso y olorosos pedo, no sé si lo hicieron por joder pero vociferaron algunas maldiciones en ingles, - pedorras pinches alienadas, murmure renegando de la inmunda flatulencia. Después de algunos minutos me comentaron que pensaban organizar una fiesta, pro fondo para el viaje de uno de sus amigos que saldría del país en busca de nuevas oportunidades. No sé porque se rieron tanto, al concluir con sus risas chillonas recordaban al amigo que partía. - No importa… dónde esté, dijo la chica de los ojos color cielo - siempre será nuestro, ahora todavía no puedo dejar el grupo creo que Ítaca tendrá que seguir esperando, admire esa lealtad y su compromiso; después de todo, no eran un grupo de desadaptados, mucho menos vulgares pendencieros (as), solo era un grupo de jóvenes con una particular manera de vivir las etapas de sus vidas compartiendo sus saberes, enamorándose, despreciándose, perdonándose, y regando sopa instantánea mal cocida ritual de posición de territorio, decían ellos; tan estrafalaria como estupida, pero extremadamente divertida, pero aun no puedo entender que es eso de la hermandad de los peruchos, es posible que mi escasa intelectualidad no de para tanto.